5 Estrategias Infalibles para Manejar a los Alumnos de Natación Más Desafiantes

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¡Hola, nadadores y amantes del agua! Soy vuestro instructor de natación favorito y, como sabéis, me encanta compartir los secretos para movernos como peces en el agua.

Pero hoy quiero hablaros de algo que no siempre es tan fácil ni glamuroso: esos momentos en los que, como instructores, nos encontramos con alumnos que nos ponen a prueba.

Sí, me refiero a esos casos que te hacen pensar: ‘¿Y ahora qué hago?’ Desde el niño que se niega a meter la cara en el agua, hasta el adulto que trae consigo miedos arraigados desde la infancia, cada clase es un mundo de desafíos y oportunidades.

A veces, la clave no está solo en la técnica, sino en la psicología, en entender qué hay detrás de esa resistencia o de ese llanto. No os voy a mentir, he tenido mis noches sin dormir pensando en cómo ayudar a ciertos alumnos, buscando esa chispa que los conecte verdaderamente con el agua.

Es un reto constante, pero también es increíblemente gratificante verlos superar sus barreras y celebrar cada pequeño avance. Últimamente, con tanto estrés y las prisas del día a día, he notado que la gente llega a la piscina con más bloqueos que antes, buscando no solo aprender, sino también desconectar y superar sus ansiedades personales.

Es ahí donde nuestro rol como instructores va mucho más allá de enseñar brazadas. Acompáñame a explorar cómo podemos navegar por estas aguas, entenderlos mejor y, al final, lograr que todos disfruten del agua al máximo.

¡Te lo voy a desvelar todo en este post, así que quédate y sigamos aprendiendo juntos!

El Miedo al Agua: No Es Solo Mojarse, Es Sentir

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Entendiendo las Raíces del Temor

¡Madre mía, cuántas veces me he encontrado con esta situación! Recuerdo una vez a una niña, Lucía, que no había manera de que metiera la cara. Parecía que el agua le quemaba.

Al principio, mi enfoque era puramente técnico, intentar que soplara, que abriera los ojos. Pero nada. Fue cuando me senté a su lado, fuera del agua, y le pregunté qué sentía, que me dijo que tenía miedo de que el agua le entrara por la nariz y no pudiera respirar.

¡Eureka! No era desobediencia, era puro pánico, un miedo tan real como el que podríamos sentir ante una araña enorme. A partir de ese día, cambié la estrategia por completo.

Me di cuenta de que muchos alumnos, sean niños o adultos, no es que “no quieran” sino que “no pueden” por un bloqueo emocional profundo. A veces, ese miedo viene de una mala experiencia de pequeños, un chapuzón inesperado o incluso un comentario desafortunado.

Como instructores, nuestra primera tarea no es solo enseñar a flotar, sino a bucear en esas emociones, a entender qué hay detrás de cada gesto de resistencia.

Es un trabajo casi detectivesco, te lo aseguro. Mi experiencia me dice que la clave está en la empatía, en ponerse en su lugar y validar su sentir, por muy ilógico que nos parezca desde nuestra perspectiva de “pez en el agua”.

Esto es fundamental para construir una base de confianza antes de siquiera pensar en una brazada.

Pequeños Pasos, Grandes Victorias: Estrategias Efectivas

Una vez que identificamos la raíz del miedo, el camino se vuelve un poco más claro, aunque no menos desafiante. Para esos miedos arraigados, he descubierto que la paciencia es oro, pero la estrategia de los “pasos de bebé” es platino.

Imagínate a un alumno que se niega a mojar la cara. ¿Qué hago? Primero, le invito a jugar con el agua, a sentirla en sus manos, a salpicar.

Luego, le propongo que “pinte” su cara con el agua, como si fuera una pintura mágica. Después, quizás soplamos burbujas con la boca fuera, y poco a poco, con la boca dentro.

Cada pequeño avance, por mínimo que sea, lo celebramos como si fuera un oro olímpico. Recuerdo a un señor mayor, Antonio, que después de tres semanas solo conseguía mojar la frente.

Pero un día, ¡zas!, sopló una burbuja con la nariz dentro del agua. La alegría en su cara, y la mía, fue indescriptible. Era una victoria monumental.

Estos pequeños triunfos acumulan confianza y demuestran al alumno que es capaz, que el agua no es su enemiga, sino un elemento con el que puede jugar y dominar.

Es un proceso lento, sí, pero increíblemente gratificante y efectivo para desarmar el miedo capa por capa.

Cuando el Cuerpo Dice “No”: Superando la Resistencia Física y Mental

La Comunicación No Verbal Bajo el Agua

¡Ay, la resistencia! No hablo solo de la resistencia al avance en el agua, sino de esa resistencia interna que a veces vemos en nuestros alumnos. Es un lenguaje silencioso, un “no” que el cuerpo grita sin emitir una sola palabra.

Unos hombros tensos, una mirada esquiva, un agarre férreo al borde de la piscina… todas son señales de que algo no anda bien, de que hay un bloqueo.

Me he dado cuenta de que, en la piscina, nuestra capacidad de observación se multiplica por mil. Es crucial aprender a leer esos mensajes no verbales.

Por ejemplo, si un niño se encoge cada vez que el agua le llega a la barbilla, no es que esté jugando. Está mandando una señal de alerta. Como instructores, tenemos que ser verdaderos maestros en el arte de la kinestesia y la lectura corporal.

Mi truco personal es imitar su postura por un instante para sentir lo que ellos sienten, y luego, con mi propio cuerpo, mostrarles suavidad y relajación.

A veces, simplemente respirar profundamente con ellos, viéndonos a los ojos, puede relajar esa tensión que llevan. Es como una danza silenciosa donde el instructor guía al alumno hacia la comodidad y la seguridad a través de la presencia y el movimiento.

Técnicas de Relajación para Alumnos Tímidos

Con los alumnos más tímidos o los que muestran una resistencia más pasiva, las técnicas de relajación se vuelven mis mejores herramientas. He probado de todo, desde ejercicios de respiración profunda antes de entrar al agua, hasta la visualización guiada.

Una que me funciona de maravilla es pedirles que imaginen que son una medusa, suave y flotante, o una hoja que se deja llevar por el viento en la superficie del agua.

También utilizo mucho la música relajante, poniéndola de fondo mientras hacen ejercicios de flotación pasiva. El simple hecho de tumbarse boca arriba, sintiendo el apoyo del agua, a menudo es suficiente para que sus cuerpos empiecen a ceder.

Recuerdo a una alumna, María, que era increíblemente nerviosa. Al principio, cada vez que le pedía que se tumbara, su cuerpo se ponía rígido como una tabla.

Empezamos con el ejercicio de la medusa, y le decía: “Siente cómo el agua te abraza, cómo te sostiene sin esfuerzo, como si fueras de algodón”. Poco a poco, su rigidez se fue disipando.

Ver cómo sus músculos se relajaban y su rostro se suavizaba era una auténtica gozada. Se trata de crear un ambiente de seguridad y calma que les permita soltar el control y confiar en el agua y en nosotros.

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La Paciencia es Nuestro Mejor Aliado: Lidiando con la Frustración

Cómo Mantener la Calma Cuando Nada Parece Funcionar

¡Confesadme! ¿Cuántos de vosotros habéis sentido esa punzada de frustración cuando parece que un alumno no avanza, no importa lo que hagas? Yo he tenido mis momentos, te lo aseguro.

Días en los que sientes que has probado todas las técnicas, todos los juegos, todas las palabras de aliento, y aún así, el alumno sigue en el mismo punto.

Es fácil caer en la trampa de pensar que somos nosotros los que fallamos, o que el alumno “no sirve para esto”. ¡Pero eso es un error! Lo he aprendido a base de golpes.

En esos momentos críticos, lo más importante es respirar hondo, recordar por qué hacemos esto y enfocarme en la micro-victoria. A veces, la victoria es simplemente que el alumno haya venido a clase ese día y no se haya rendido.

Tengo un colega que dice que la natación es 80% mental y 20% físico. Y no puedo estar más de acuerdo. Mantener la calma, mantener la sonrisa, y transmitir esa serenidad es vital.

Si nosotros nos frustramos, ellos lo sentirán y el bloqueo será aún mayor. Es un baile de emociones donde el instructor debe ser el faro de tranquilidad en medio de la tormenta.

Es una habilidad que se entrena tanto como la brazada perfecta.

Celebrando Cada Logro, Por Pequeño que Sea

En mi blog, siempre digo que cada gota cuenta. Y en la piscina, cada burbuja, cada pequeña patada, cada resoplido con la cara en el agua, es un tesoro.

Para combatir la frustración, tanto la mía como la de mis alumnos, he desarrollado una estrategia infalible: celebrar absolutamente todo. ¿Hoy has soplado dos burbujas en lugar de una?

¡Bravo! ¿Has flotado un segundo más que ayer? ¡Increíble!

¿Has metido la cara sin llorar? ¡Eres un campeón! No subestimes el poder de un elogio sincero y entusiasta.

Los niños, por supuesto, responden maravillosamente a esto, pero ¡ojo!, los adultos también. Reconocer su esfuerzo y su valentía, por mínima que parezca la acción, les da un chute de motivación que no te imaginas.

Yo he visto cómo un simple “¡qué bien lo has hecho!” transformaba la cara de decepción de un alumno en una sonrisa de oreja a oreja. Es construir un camino de ladrillos dorados, donde cada ladrillo es un pequeño logro que les acerca a la confianza y al dominio del agua.

De verdad, esto no es solo bonito, ¡es una técnica pedagógica potentísima!

El Desafío de los Adolescentes: Conectando con su Mundo

Más Allá de la Técnica: Motivación y Confianza

Los adolescentes son un mundo aparte, ¿verdad? No son niños pequeños que se asombran con cualquier juego, ni adultos que vienen con una meta clara de superar un miedo antiguo.

A menudo, vienen a clase “arrastrados” por sus padres o porque “tienen que” aprender. Y ahí es donde el desafío es doble: ¿cómo los motivamos para que vean la natación no como una obligación, sino como algo *cool* o útil para ellos?

La clave, he descubierto, es ir más allá de la mera técnica. Sí, es importante que aprendan a nadar bien, pero para ellos, la confianza es el motor principal.

Necesitan sentir que son buenos en algo, que dominan una habilidad, que pueden superar retos. Recuerdo a un chico, Pablo, que al principio era super escéptico.

Era bueno en deportes de equipo, pero en el agua se sentía torpe. Le propuse retos de velocidad, le enseñé a hacer giros, a perfeccionar la brazada para ganar más potencia.

Empezamos a enfocarnos en cómo la natación le ayudaría en otros deportes, en su forma física, incluso en cómo impresionaría a sus amigos. Poco a poco, su actitud cambió.

Se empezó a sentir poderoso en el agua, y eso, amigos míos, es lo que engancha a los adolescentes. Es hacerles ver el valor práctico y personal, no solo la obligación.

Clases Dinámicas para Evitar el Aburrimiento

Para mantener a los adolescentes comprometidos, el aburrimiento es nuestro peor enemigo. Las repeticiones monótonas de largos o ejercicios básicos los desconectan en cuestión de minutos.

Aquí es donde mi creatividad como instructor se dispara. ¡Hay que innovar! He implementado circuitos de natación con diferentes estaciones, retos por equipos, juegos de relevos y hasta hemos hecho “coreografías” acuáticas sencillas para mejorar la coordinación.

También les doy mucha autonomía. Les pregunto qué les gustaría trabajar, qué tipo de retos quieren. ¿Quieren mejorar su salida?

¡Vamos a practicar salidas de competición! ¿Les interesa la apnea? ¡Exploremos los límites de forma segura!

La variedad es clave. Recuerdo una vez que hicimos una especie de “olimpiadas acuáticas” con diferentes pruebas: nado sincronizado básico, natación con obstáculos, buceo para recoger objetos.

El entusiasmo era palpable. Se reían, competían sanamente y, sin darse cuenta, estaban mejorando todas sus habilidades. No se trata solo de enseñarles a nadar, sino de crear una experiencia divertida y retadora que los haga volver con ganas la semana siguiente.

Es un equilibrio delicado entre enseñar y entretener, pero cuando lo consigues, es una maravilla.

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Adultos con Mochilas Emocionales: El Agua Como Terapia

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Desmontando Mitos y Viejas Creencias

Cuando un adulto llega a la piscina con la frase “Yo es que soy como un plomo” o “Siempre he tenido pánico al agua”, sabes que tienes un trabajo que va más allá de enseñar a flotar.

Están cargados con una mochila de experiencias pasadas, mitos y creencias limitantes que han arrastrado durante años, a veces décadas. Mi primer paso con ellos es siempre el mismo: desmontar esas viejas ideas.

Les explico la flotabilidad de una manera sencilla, les muestro cómo el cuerpo humano está diseñado para flotar si se relaja. A menudo, el problema no es que “no floten”, sino que se tensan tanto que se hunden.

Les doy ejemplos de personas que, como ellos, pensaban lo mismo y ahora disfrutan nadando. La clave está en la pedagogía y la paciencia, en explicarles *por qué* sienten lo que sienten y *cómo* podemos cambiarlo.

Recuerdo a una alumna, Elena, que me decía que se ahogaba solo con ver el agua. Empezamos simplemente por el borde, sentados, tocando el agua, y conversando sobre sus miedos.

Le conté historias de éxito, le mostré videos de personas aprendiendo. Fue un proceso de desaprendizaje de sus miedos antes de poder aprender a nadar.

Es un trabajo mental intenso, pero cuando lo logras, es increíble ver cómo se liberan de esas cadenas invisibles.

El Rol del Instructor Como Guía y Apoyo

Con los adultos, nuestro rol es el de un verdadero guía y, a veces, un terapeuta improvisado. No solo enseñamos; escuchamos, animamos, consolamos y celebramos.

Muchos de ellos vienen a la piscina buscando no solo una habilidad, sino también superar un obstáculo personal, encontrar un espacio de desconexión o incluso mejorar su salud mental.

Es vital ser un pilar de apoyo inquebrantable. Les doy mucha autonomía para que avancen a su propio ritmo, sin presiones. Les ofrezco diferentes opciones de ejercicios y les pido que elijan con cuáles se sienten más cómodos.

La confianza entre instructor y alumno se vuelve el pilar de todo. Recuerdo a un alumno, Javier, que después de cada clase me agradecía no solo por enseñarle, sino por ayudarle a sentirse “menos ansioso y más fuerte”.

Es ahí donde te das cuenta de que no solo estás enseñando natación, estás impactando vidas. Este es el lado más humano y gratificante de nuestra profesión, el que te hace volver a casa con el corazón lleno, sabiendo que has marcado una diferencia más allá de la piscina.

Es un compromiso emocional, y lo abrazo con todo mi ser.

Innovando en la Enseñanza: Adaptándose a Cada Alumno

Juegos y Dinámicas Acuáticas para Todas las Edades

¡Si hay algo que me apasiona es innovar en la piscina! No hay dos alumnos iguales, y por lo tanto, no debería haber dos clases idénticas. Adaptarse es la clave, y para eso, los juegos y las dinámicas acuáticas son mis comodines.

Para los más pequeños, los juegos son obvios: buscar tesoros en el fondo, “cocodrilos” persiguiendo, imitar animales nadando. Pero, ¿y para los adultos?

¡También funcionan! He adaptado juegos de equilibrio, retos de coordinación, incluso “carreras de obstáculos” con aros o churros. No te imaginas lo que un adulto puede disfrutar sumergiéndose para pasar por un aro si se lo planteas como un reto divertido y no como una obligación.

Además, estas dinámicas no solo entretienen, sino que mejoran habilidades fundamentales como la respiración, la propulsión y la flotación de una manera lúdica y menos intimidante.

Es una forma de “engañar” al cerebro para que aprenda sin darse cuenta de que está trabajando. Y he descubierto que la risa es el mejor flotador para la ansiedad.

Cuando un alumno se divierte, su cerebro se relaja, y el aprendizaje fluye de forma natural.

Personalización: La Clave para el Éxito

En este mundo donde todo se estandariza, la personalización es un tesoro, especialmente en la enseñanza de la natación. Cada alumno trae su historia, sus miedos, sus fortalezas y sus ritmos.

Por eso, mi método se basa en crear un “traje a medida” para cada uno. Antes de empezar, siempre intento tener una pequeña conversación, un “diagnóstico acuático” para entender sus expectativas, sus experiencias previas y sus bloqueos.

Luego, durante la clase, estoy constantemente observando y ajustando. Si veo que un ejercicio les resulta demasiado difícil, lo simplifico. Si lo dominan rápidamente, lo complico un poco.

No tengo miedo de desviarme del plan inicial si veo que el alumno necesita otra cosa en ese momento. Es un proceso de escucha activa y adaptación constante.

Por ejemplo, con un alumno que le costaba mucho la respiración lateral, en lugar de forzarlo, nos enfocamos en mejorar su flotación y patada primero, para que se sintiera más seguro y el resto llegara después.

Esta flexibilidad y atención individualizada, te lo juro, marca la diferencia entre un alumno que se frustra y abandona, y uno que encuentra su ritmo y termina amando el agua.

Desafío Común del Alumno Enfoque del Instructor Beneficio para el Alumno
Miedo al agua / Resistencia Empatía, pasos pequeños, visualización Confianza, superación de pánico, relajación
Frustración / Poco avance Paciencia, celebración de logros mínimos, cambio de estrategia Motivación, perseverancia, disfrute del proceso
Adolescentes desinteresados Retos, autonomía, juegos competitivos, relevancia personal Compromiso, autoestima, desarrollo de nuevas habilidades
Adultos con bloqueos Desmontar mitos, escucha activa, apoyo emocional, flexibilidad Liberación de miedos, bienestar mental, logro personal
Dificultades técnicas específicas Análisis individual, ejercicios adaptados, juegos didácticos Mejora progresiva, comprensión del movimiento, eficiencia
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Gestionando Expectativas: Padres, Alumnos y Nosotros Mismos

Comunicación Transparente: Creando un Entorno de Confianza

En este viaje acuático, no solo estamos nosotros y el alumno. A menudo, especialmente con los más pequeños, los padres juegan un papel fundamental, y sus expectativas pueden ser una espada de doble filo.

Es vital establecer una comunicación transparente y honesta desde el primer día. Les explico el proceso de aprendizaje, que cada niño es un mundo y que la natación no es una carrera.

Les animo a que vean los pequeños avances y a que refuercen positivamente el esfuerzo, no solo el resultado final. Recuerdo una vez a unos padres que querían que su hijo nadara “como un pez” en un mes.

Les expliqué pacientemente que lo importante era construir una relación sana con el agua, y que la velocidad vendría después. Les di “tareas” divertidas para hacer en casa, como jugar con agua en la bañera.

Cuando los padres entienden y apoyan este enfoque, el progreso del alumno se multiplica. Es construir un equipo, donde todos remamos en la misma dirección, con expectativas realistas y un objetivo común: el bienestar y el aprendizaje del alumno.

Estableciendo Metas Realistas y Alcanzables

Para evitar la frustración y mantener la motivación a flote, es crucial establecer metas que sean realistas y, sobre todo, alcanzables. Esto es válido tanto para nosotros, los instructores, como para los alumnos y sus familias.

No podemos esperar que un alumno que le tiene pánico al agua haga un largo completo en la primera semana. Empezamos con metas pequeñas: mojar la cara, soplar burbujas, flotar con ayuda.

Una vez que esas metas se consiguen, las celebramos y pasamos a la siguiente. Este enfoque de “escalera de éxito” no solo mantiene la motivación, sino que también refuerza la sensación de logro.

Con un adolescente que quiere nadar más rápido, establecemos objetivos de tiempo realistas para distancias cortas, y luego vamos construyendo sobre eso.

Siempre les recuerdo que el camino es tan importante como el destino. Les enseño a disfrutar del proceso, de cada brazada, de cada patada. Porque al final, la natación no es solo aprender a moverse en el agua, es aprender a moverse por la vida con confianza y perseverancia.

Y esa, amigos míos, es la lección más valiosa que podemos ofrecer.

글을 마치며

¡Qué viaje hemos hecho juntos a través del agua y sus desafíos! Espero de corazón que estas reflexiones y experiencias que he compartido, fruto de años en la piscina, te sean de gran utilidad. Ya sea que estés en el emocionante camino de aprender a nadar, te dediques a enseñar a otros, o simplemente busques comprender mejor ese nudo que a veces nos ata al miedo. Recuerda siempre que el agua es una maestra paciente y, con la guía adecuada y un poquito de fe, puede transformarse en tu mejor aliada y un espacio de libertad inmenso. ¡Nos vemos muy pronto, en la piscina o en el próximo post!

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알아두면 쓸모 있는 정보

1. Busca instructores certificados y con empatía: En España, es fundamental que el profesional tenga titulaciones reconocidas por organismos como la Real Federación Española de Natación. Pero más allá del título, busca a alguien que conecte contigo, que te escuche y entienda tus miedos o tus motivaciones. Un buen instructor no solo enseña técnica, sino que se convierte en un pilar emocional. Es una inversión en confianza y seguridad, créeme.

2. El equipamiento básico, tu mejor aliado: No necesitas gastar una fortuna para empezar. Con unas gafas que se ajusten bien sin apretar, un gorro cómodo para mantener el pelo a raya (¡y por higiene en la piscina!) y un bañador que te permita moverte con libertad, tienes suficiente. Te sorprenderá la cantidad de opciones económicas y de calidad que hay en tiendas deportivas locales como Decathlon, donde siempre encuentro lo que necesito sin arruinarme.

3. Hidratación, clave aunque estés mojado: Aunque pases tu tiempo en el agua, nadar es un ejercicio físico intenso y te deshidrata. ¡Y no me refiero solo al calor del verano español! Lleva siempre contigo una botella de agua y acostúmbrate a beber antes, durante y después de tus sesiones. Tu cuerpo te lo agradecerá y te ayudará a mantener la energía y la concentración. Es un pequeño detalle que marca una gran diferencia en tu rendimiento.

4. Tu progreso es único, no te compares: Una de las trampas más grandes en cualquier aprendizaje es compararse con los demás. En natación, cada persona tiene su propio ritmo, sus propios miedos y sus propios avances. Disfruta de tu proceso, celebra cada burbuja soplada, cada segundo extra que flotas, cada pequeña patada. No hay una “meta” universal. La verdadera victoria es el camino que recorres, la confianza que ganas y la conexión que estableces con el agua.

5. Explora el mundo acuático más allá de nadar: El agua ofrece un universo de posibilidades para el bienestar. ¿Por qué no pruebas una sesión de aquagym para fortalecer las articulaciones sin impacto? ¿O quizás te animas con el paddle surf en alguna cala tranquila del Mediterráneo para relajarte y trabajar el equilibrio? Incluso un simple paseo por la orilla de la playa, sintiendo el agua en los tobillos, puede ser la mejor terapia para el alma. ¡El agua es mucho más que largos de piscina!

Importante a Recordar

Querida comunidad, si algo quiero que se queden grabado después de leer este post, es que la clave para dominar el agua y disfrutarla plenamente reside en la empatía y la paciencia, tanto con nosotros mismos como con los que enseñamos. He comprobado una y otra vez que el miedo al agua no es una cuestión de “no poder”, sino a menudo de “no entender” o de arrastrar una mala experiencia. Nuestra labor, ya sea como alumnos o como guías, es desvelar esos bloqueos emocionales, ir paso a paso y celebrar cada minúsculo avance con el entusiasmo más grande. No se trata solo de aprender una técnica; es un viaje personal de autoconfianza, de superación de límites autoimpuestos y de encontrar en el agua un espacio de libertad y bienestar. Recuerden: la flexibilidad, la escucha activa y la capacidad de adaptar nuestra enseñanza a cada persona son los pilares de un aprendizaje exitoso y, sobre todo, feliz. ¡El agua nos espera para abrazarnos!

Preguntas Frecuentes (FAQ) 📖

P: oco a poco, con cada burbuja, con cada “tesoro” que “pescábamos”, su miedo se fue diluyendo. Y cuando menos te lo esperas, ¡zas!, ya está intentando mirar el fondo. La clave está en no forzar, en celebrar cada micro-avance como si fuera una medalla olímpica y en construir un ambiente de confianza. Ellos necesitan sentir que tienen el control y que el agua es un lugar seguro para explorar.Q2: ¿Y qué hay de esos adultos que traen miedos del pasado a la piscina? ¿Cómo los abordamos?
A2: ¡Uf, este es un tema que me toca el alma! Los miedos de la infancia son como fantasmas que, a veces, nos persiguen hasta la edad adulta, y en el agua se manifiestan con una fuerza increíble. No se trata solo de enseñarles a flotar o a mover los brazos; se trata de desarmar años de inseguridades. Mi primera regla es: escuchar, escuchar y escuchar. Antes de meternos en el agua, me tomo un tiempo para hablar con ellos. Les pregunto qué les pasó, qué sienten, qué esperan.

R: ecuerdo a un señor, Don Manuel, que me confesó que de niño casi se ahoga y desde entonces no había vuelto a pisar una piscina. Su terror era palpable.
Con él, empezamos en la parte menos profunda, sin siquiera tocar el agua. Primero, a familiarizarse con el entorno, a respirar profundo. Luego, a sentarse en el borde y solo mojar los pies, como si fuera una tarde de verano en la playa.
Cada sesión era un paso de bebé, pero un paso firme. Lo más importante es generar un espacio de total confianza y seguridad. A veces, solo con mi presencia constante y mi calma, ya sienten un gran alivio.
Es un proceso lento, sí, pero ver a alguien como Don Manuel, después de meses, nadar un largo completo con una sonrisa… ¡esa es la verdadera recompensa!
La técnica viene después; primero, reconquistar la paz en el agua. Q3: Con el estrés actual, muchos buscan en la natación algo más que un deporte. ¿Cómo podemos, como instructores, ir más allá de la técnica para conectar con ellos?
A3: ¡Totalmente de acuerdo! Esta es una observación que he hecho muy a menudo últimamente. La gente no solo viene a aprender a nadar, viene a desconectar, a encontrar un respiro, a veces incluso a superar ansiedades personales que el día a día les genera.
Nuestro rol ha evolucionado, ¿sabes? Ya no somos solo “maestros de brazada”. Nos convertimos en una especie de guías, de compañeros en su búsqueda de bienestar.
Lo que yo intento es crear un ambiente donde el agua sea su santuario. Desde el momento en que llegan, trato de que la clase no sea una presión más, sino una liberación.
Les animo a respirar conscientemente, a sentir el agua, a concentrarse en el momento presente. Muchas veces, mientras les enseño una patada o una brazada, les hablo de cómo ese movimiento rítmico puede ser una forma de meditación, de dejar atrás las preocupaciones.
He tenido alumnos que me han dicho que sus clases de natación son el único momento del día en que su mente se calma. Para mí, ese es el mayor cumplido.
Es ir más allá, ofrecerles una experiencia holística donde el cuerpo y la mente se reconectan, y donde la piscina se convierte en un oasis de paz en medio del caos.
Es una oportunidad increíble para nosotros de impactar positivamente en su bienestar general, no solo en sus habilidades acuáticas.

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